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Crónica de una época: Mi primer Mr España
Por Adolfo Robles




PRIMERA PARTE

Había regresado a Madrid desde Toronto, Canadá, el 7 de octubre de 1968, pesando 95 Kg; unos 11 más de lo que había pesado tan solo un año antes. Para aquellos tiempos, era un mastodonte.

Por entonces, se acababa de inaugurar en Madrid el gimnasio Fuerza y Salud- localizado en la calle del Carmen, donde continúa hoy en día como el Gimnasio Muvia- cuyos dueños originales fueron Eduardo Franco, José Viñas y Jesús Mario Muñoz (el dueño actual). El gimnasio era bastante más grande y, si era posible, mejor equipado que el Gimnasio Heracles, por lo que muchos de sus socios se pasaron al Fuerza y Salud, entre ellos yo; además, todos mis amigos entrenaban allí.

Durante los primeros meses de vuelta a mi casa, lo único que realmente hice fue entrenar. Tenía un despiste bárbaro sobre que era lo que quería hacer con mi vida. Después de la experiencia canadiense, el gusanillo de la aventura y los viajes se había ido extendiendo como un virus dentro de mí, de tal manera, que para agosto del año 1969, ya estaba nuevamente de viaje, esta vez a Nueva York, acompañado de Eduardo Franco, que había vendido su parte del Fuerza y Salud.

En el ínterin, tuvo lugar el acontecimiento culturista más importante, hasta entonces, en el país: la elección del primer Mr. España. Un buen día, vimos anunciado en Las Pesas- la única revista culturista que existía en España, editada en Barcelona- la celebración del primer Mr. España. Los interesados tenían que ser preseleccionados por fotografía, y los así seleccionados, pasarían a la final, o a la actual competición, que tendría lugar el 11 de Julio de 1969 en Playa de Aro, Gerona. Fuimos varios los socios del gimnasio Fuerza y Salud los que mandamos nuestras fotografías y pasamos la mencionada preselección. Entre ellos, que recuerde, estaban José Luis Ayestarán, José Viñas, Jaime Pérez Ullivarry, Carlos Caballero y yo.

Hasta entonces, los pocos campeonatos organizados en Madrid- y supongo que en el resto del país sería parecido- se habían celebrado en la trastienda de algún bar o en el mismo gimnasio donde entrenábamos. La preparación, por llamarle de alguna manera, que nos sometíamos para competir era muy simple: nos poníamos un bañador, que normalmente llegaba por debajo de los sobacos, y salíamos a posar con caras de despistados. La mayoría aparecían con las piernas y el pecho sin afeitar e incluso, los mas machotes, con las espaldas tan peludas como las de un mono. Los competidores posaban normalmente en el suelo del local, -allí no había escenario, ni tarima, ni nada que se le pareciera- y las dos o tres personas que hacían de jueces, se sentaban delante de una mesa, enfrente de los competidores. (Nuevamente hay que darle a Dino Camerlengo, dueño del desaparecido gimnasio Heracles, crédito por haber sido la primera persona en Madrid, que yo sepa, en organizar competiciones culturistas). No fue pues de extrañar, que las condiciones en las que Las Pesas anunciaban iba a tener lugar el primer Mr. España y lo que los organizadores del evento ofrecían a los competidores nos parecieran demasiado buenas para ser verdad. Por lo pronto, tanto el viaje de ida y vuelta, desde nuestro punto de origen como la estancia en el hotel por tres días, comidas incluidas (todo lo que nos apeteciera comer, se entiende) correrían a cargo de la organización. Llegada la hora de la verdad, no solo cumplieron con su palabra, sino que a demás, nos obsequiaron con regalos, asistimos a un gran espectáculo gratis y recibimos una atención en los medios informativos como nunca antes se hubiera visto en España (casi estoy por afirmar en el mundo) Teniendo en cuenta que el culturismo era entonces un deporte casi desconocido para la mayoría- y por lo tanto muy criticado- (el que no era un narciso, era homosexual, enfermo mental, impotente, feo, agarrotado, o un degenerado) la atención que se le dio fue aún más extraordinaria.

Acompañado por Eduardo Franco, llegamos a la Plaza de Cataluña de Barcelona, sobre las once de la mañana del día 9 de Julio, donde habían sido citados todos los competidores. No me acuerdo del número exacto que éramos, pero calculo del orden de los treinta. Allí nos reunimos, por primera vez, culturistas de toda España. La mayoría veníamos de Madrid, del área catalana y de Andalucía. Nos llevaron en grupo al Corte Inglés, situado en la misma Plaza de Cataluña, donde nos dieron camisetas con la inscripción "Primer Mister España" y debajo, "Maddox-Playa de Aro". El revuelo que se armaba con nosotros por donde quiera que pasábamos era digno de verse. Treinta tíos musculados vistiendo la misma camiseta en una época en la que la gente te seguía por la calle y te señalaban con el dedo por el mero hecho de lucir un 38 de brazo musculado, era el no va más; demasiado para las marujas, santos y carrozas de aquellos tiempos, que nos miraban como si acabáramos de salir de un platillo volador.

Desde la Plaza de Cataluña nos desplazaron en un autocar, que recorrió los ciento pocos kilómetros que nos separaban de Playa de Aro, bordeando el litoral catalán. Una vez en el hotel, y tras habernos indicado nuestros alojamientos, dos personas por habitación, fuimos a comer. Y cuando digo comer, me refiero a comer a lo grande. Ver a una treintena de culturista zampando lo que uno quisiera y gratis, fue otro espectáculo. Estabamos en el restaurante del hotel, al aire libre, y creo que lo que menos teníamos en mente era dietas y definiciones, primero porque, excepto por unos pocos- los que ganaron la competición- la generalidad se había presentado sin haber seguido ningún tipo de preparación- como era la costumbre entonces- y segundo, porque cuando tienes un apetito de tres pares de…,como los culturistas solemos tener, y el alimento es de primera calidad y encima gratis…,pues, ya me diréis. Los camareros que nos servían y los curiosos que se habían arremolinado para vernos, estaban extasiados con aquella gratuita exhibición de fieras devorando sus presas. Los litros de leche, los filetes de ternera, la fruta y los yogourts, desaparecían de las mesas como por arte de magia. Los pobres camareros no daban abasto. Creo que la mayoría de nosotros ganó peso en esos tres días que duró la competencia. En mi caso fueron dos kilos que me agorrinaron más de lo que ya estaba. José Viñas y yo fuimos los más grandes y pesados de todos los competidores (y no me refiero a pesado de pelma).

El día 10 por la mañana, nos llevaron a Palamos, localidad cercana a Playa de Aro, para presenciar el espectáculo del ya por entonces conocido bailarín Antonio Gades y su ballet español. El señor Gades estuvo muy amable con nosotros y se interesó mucho por las poses culturista sobre las cuales nos hizo una serie de preguntas.

Por la tarde, nos dedicamos a pasear por Playa de Aro y allí donde entrábamos a consumir algo, o si nos sentábamos en una terraza, no pagábamos un duro- Maddox, la empresa de discotecas organizadora de la competición, se encargaba nuevamente de esto. En una de esas, habiendo coincidido un grupo de nosotros en un bar o cafetería, pusieron delante de Ricky Wayne- Mr Universo y Mr. Mundo, presidente del jurado- un enorme vaso con dos litros de jugo de naranja y claro, eso atrajo al público como moscas a nuestro alrededor. Nos veían tan enormes comparados con la gente normal, que debían de pensar que todo lo que hacíamos era a lo grande.

A la mañana siguiente, nos reunimos en la piscina del hotel para un ligero entrenamientos con unas mancuernas que había traído Ricky Wayne consigo. Cuando vimos los brazos y deltoides de aquel hombre- de gran calidad, incluso en hoy día- fuimos nosotros los que nos quedamos con las bocas abiertas.

SEGUNDA PARTE

Por la tarde llegó por fin la hora del preconcurso, que tuvo lugar a puerta cerrada en la discoteca Maddox. Nos dividieron en tres tallas: baja, media y alta. El promedio de competidores por cada talla era de diez. En la talla alta, donde yo competí, se encontraba José Viñas, José Luis Ayestaran, Carlos Caballero, Juan Balcells, Santiago Fuentes, Jaime Gallostra y un catalán de apellido Cibantos que, curiosamente, realizó todas sus poses de perfil (???). Hubo un momento, durante las poses obligatorias, en el que nos estaba comparando a varios de nosotros, cuando Ricky Wayne, a través de un interprete, nos pidió que flexionáramos los abdominales. Los que se encontraban a mi lado y yo, nos miramos desconcertados. Nunca habíamos oído cosa semejante y además, los abdominales podían estar allí, pero se encontraban muy bien escondidos (y supongo que contentos) bajo los abusos alimenticios de los últimos días. No obstante, flexionamos los abdominales y en ese momento no pude evitar ver una mueca de cachondeo en el rostro del presidente del jurado, el señor Wayne, que tuvo que hacer un gran esfuerzo para no descojonarse de risa (y esto tiene su mérito). En definitiva, la clase la ganó el catalán Juan Balcells (merecidamente) que, aunque era uno de los más ligeros, tenía buenos abdominales.

De las tres clases, la media fue, a mi juicio, la mejor de todas con diferencia. En ella se encontraban Jesús Giménez Astorga, Baldo Lois, Jaime Pérez Ullivarri, Clemente Hernández, Salvador Ruiz y otros seis o siete muchachos más cuyos nombres desconocía. Estos cinco competidores eran todos bastantes buenos, pero Baldo Lois, el ganador de la talla y más tarde del absoluto, sacaba gran diferencia al resto. Baldo vivía por entonces en Londres y su contacto con un mundo culturista mucho más avanzado que el nuestro, se notaba a todas luces. El segundo clasificado fue el catalán Clemente Hernández y el tercero Salvador Ruiz. A mi juicio y sin quitar mérito a Clemente Hernández - al que no veo desde hace muchisimos años- Salvador Ruiz debía de haber quedado segundo (gusto personal). Salvador se aproximaba a pasos agigantados a la gran forma que, a no tardar, le llevaría a destronar a Baldo Lois en la corona del Mr. España y que, años más tarde, le conduciría a conseguir la talla baja en el Mr. Universo de Londres.

De los competidores de la talla baja no me acuerdo mucho. El ganador, Leo Nieto, poseía unos buenos abdominales, unas proporciones excelentes y creo recordarle como un buen posador. El segundo clasificado fue Juan Ruiz y el tercero Manuel Orosa, otro viejo conocido del gimnasio Heracles.

En la clasificación general Baldo Lois fue el primer Mr. España, Juan Balcells, segundo y Leo Nieto tercero.

La competición cara al público tuvo lugar nuevamente en la discoteca Maddox. Ya mucho antes de que se abrieran sus puertas, había un gentío enorme esperando fuera. La curiosidad por ver lo que era un Mr. España- que en la mente de muchos se trataba simplemente de escoger al hombre más guapo, y tal vez por esto, hubo una presencia importante del elemento femenino, con minifaldas a lo go-go, debo añadir- y la gran publicidad que se había hecho del evento en todos los periódicos locales y la radio, atrajo a tal masa de público, que la capacidad del lugar, para más de 2000 personas, quedó fácilmente cubierta.

Antonio Gades asistió como invitado de honor y el noticiario "NO-DO", hace años desgraciadamente desaparecido, filmó todo el acontecimiento. Años después, en una de mis vacaciones en Madrid, estando en un cine de barrio (cuando todavía echaban dos películas), durante la transmisión del NO-DO, apareció de repente dicho reportaje y vi una mole de tío posando en la pantalla. Casi salté de mi asiento gritando: "mirad, mirad, ese soy yo".

Entre la sala de baile y las mesas donde se sentaba el público, se había construido la plataforma donde posaban los competidores y que, en un momento dado, quedó totalmente rodeada de gente que, con la boca abierta, observaba aquel rebaño de carne (algunos con abdominales) flexionar sus poderosos músculos.

La competición, que en un principio se anunció comenzaría a las once de la noche, lo hizo finalmente a la una de la madrugada y fue todo un existo. El público respondió muy bien y después, finalizada la entrega de premios, muchos de los competidores se quedaron bailando y tratando de ligar alguna de las muchas extranjeras que abundaban en el lugar.

No sé a que hora me acostaría aquella noche, pero lo que sí sé, es que aquellos tres días que pasé en Playa de Aro, y el hecho de que pude participar en el primer Mr. España, fueron unas experiencias únicas e inigualables.

Han pasado 32 años desde entonces y, aunque muy tarde- siempre es mejor que nunca- desearía dar las gracias a Enrique Doménech y Oriol Regás, los verdaderos organizadores del aquel ya histórico evento, por haber hecho posible para un grupo de, entonces jóvenes culturistas, realizar la ilusión de sus vidas en este deporte. El primer Mr. España fue único, no sólo por haber sido el primero, sino también, porque nunca después se reunieron la misma serie de elementos que lo hicieron insuperable. Se pensó en el competidor y se le trató como si fuera realeza. No se escatimaron gastos- creo que la cifra alcanzó el medio millón de pesetas de entonces, 1969- y la elección del lugar (Playa de Aro), así como la perfecta organización a través de todo el evento jamás podrán ser superados.

¿Perdieron los organizadores dinero?. No lo creo. Las dos mil localidades se vendieron a 250 pesetas, consiguieron una publicidad gratis valorada en mucho dinero y lograron lo que nadie antes en nuestro deporte había conseguido, la realización de un Mr. España, y aunque esto no sea una ganancia material, si lo debió de ser en satisfacción y orgullo. No todo es dinero en esta vida.

¿Dónde están y que pasó con los competidores de aquel primer Mr. España?. A Baldo Lois le vi hace siete u ocho años- como espectador- en una competición en Madrid. Es dueño de un gimnasio y supongo que sigue más o menos activo con su entrenamiento. A Salvador Ruiz, tambien hace más o menos ese tiempo que le vi por última vez. José Luis Ayestarán vive ahora en Toledo y le veo cada vez que voy a Madrid. Jaime Pérez Ullivarri vive desde hace muchos años en Palma de Mallorca y hace siglos que no le veo aunque a veces nos carteamos electrónicamente. Carlos Caballero desapareció un buen día del gimnasio y nunca más supimos de él. Clemente Hernández, creo que sigue viviendo en Tarragona y también hace los menos treinta años que no sé de él. Con José Viñas he seguido en contacto durante todo este tiempo, así como con Eduardo Franco(director de Muscle and Fitness), que incluso nos llamamos por teléfono de vez en cuando. En cuanto al resto, no sé que habrá sido de sus vidas, pero espero, que haya continuado entrenando como la mayoría de nosotros.

Tal vez por ser de la vieja escuela, considero el culturismo como una hermandad y una forma de vida. Por desgracia, esto parece haberse ido perdiendo con los años. Para la mayoría de los culturistas de mi tiempo, participar en las competiciones era, ante todo, una excusa para vernos en grupo, sobre todo en las competiciones nacionales, y pasarlo bien. Por supuesto también lo hacíamos con ánimo de ganar, pero creo que esto era, para la generalidad, secundario. Ahora veo a la gente que compite totalmente imbuida en su mundo, donde nada importa sino ser el mejor. La camaradería de antaño ha sido sustituida por el ansia de vencer a toda costa, y, a mi juicio, esto ha terminado con la satisfacción que todos sacábamos compitiendo. Esperemos que alguna vez podamos volver de nuevo a aquello tiempos del cuplé culturista.

Copyright Adolfo Robles 2001









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